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sábado, 11 de junio de 2022
Discurso del presidente delegado con motivo de la apertura oficial de la Conferencia Nacional de formación celebrada el 11 de junio de 2022, en la sede del Ilustre Colegio de Abogados de Nador

Señoras y señores;

Cada vez que tengo el honor de ser invitado a asistir a la inauguración de la Conferencia Nacional de formación de los Ilustres Colegios de Abogados de Marruecos, me invaden sentimientos de orgullo por formar parte de la carrera judicial que une a jueces y abogados; y sentimientos de satisfacción por las nuevas generaciones de abogados que conservan esta hermosa tradición, que despierta en los jóvenes de la profesión el espíritu de defensa, que es la cima del ejercicio de la abogacía. Una tradición que encarna la solidez de los hábitos y costumbres de una profesión cuya alma es la ética y cuya esencia son los valores nobles.

Si la pandemia nos ha privado del placer de este encuentro durante más dos años, el anhelo de esperar este día no se nos quitó. Damos las gracias a Dios por esta bendición, esperemos que perdure para nuestro país y ciudadanos.

Por ello, doy las gracias al Sr. Decano, presidente de la asociación de los ilustres colegios de abogados en Marruecos, y al Sr. Decano del Ilustre Colegio de Abogado de Nador. Asimismo, doy las gracias a todos los presidentes de los colegios, abogadas y abogados, por brindarme esta oportunidad de participar con ustedes esta ceremonia profesional, que nos permite, a nosotros los jueces, comunicarnos con ustedes, miembros de la abogacía, fuera de las salas de los juzgados. Para debatir asuntos de justicia, y intercambiar opiniones relacionados con la profesión, porque todos pertenecemos a las profesiones de la justicia, y porque el abogado es parte de la judicatura, conforme a lo previsto por la ley reguladora de la abogacía.

Señoras y señores,

Se dice que la conferencia de formación en cuanto que costumbre parisiense, cuando apareció en el siglo XVII, fue asignada para estudiar la situación y los principales asuntos de la profesión, haciendo hincapié principalmente sobre las costumbre y tradiciones de la profesión. Por ello, les pido permiso Sr. decano y presidentes de los colegios de abogados, para dirigirme a los abogados en formación, que se preparan para pertenecer a la familia de la justicia, como me he dirigido a los aspirantes a la carrera judicial con ocasión a su incorporación al Instituto Superior de la Magistratura hace unas semanas. Con un discurso que consolida la dimensión moral de las profesiones de la justicia, recordarles las tres demisiones óptimas de la abogacía, que están por encima de todas las cualidades y buenas conductas que el abogado debe tener y conservar.  

Queridos jóvenes abogados,

La abogacía es la profesión del honor, la nobleza y los valores virtuosos. Por eso, ha merecido ocupar una importante posición entre todas las profesiones intelectuales. La elevada posición de la abogacía no depende únicamente de las competencias jurídicas de las mujeres y los hombres que la ejercen, sino que está esencialmente vinculada a la ética profesional que la enmarca.

De hecho, el abogado está marcado por todas las cualidades virtuosas reconocidas en la sociedad y las que le elevan en ella, hacen que sea centro de apreciación, confianza y consideración. Pero, añade necesariamente su apego a otros valores característicos de un abogado. Son valores que aparentemente son contradictorios con las tareas que ejerce. Por eso, la profesión de defensa se caracteriza por su singularidad entre las profesiones. Basta decir que el abogado recibe honorarios de su cliente, pero no es su asalariado, y que lo apoya o lo sustituye, pero es independiente a él. Ofrece servicios a personas de quienes recibe una retribución, pero no es un salario.

El abogado no vende sus servicios, no es un asalariado que se ordena y obedece. El abogado es servidor al derecho y ayudante de la justicia, es asalariado de su propia conciencia.

La abogacía no es una profesión para ganarse la vida, más bien es para lograr la justicia, defender la equidad y ayudar en la búsqueda de la verdad, para reparar los agravios, impedir la injusticia y restablecer los derechos de todos. Para ello, esta profesión requiere una convicción y una creencia firme en los valores de la justicia, la equidad, la libertad, la igualdad, la defensa de la ley y el Estado de Derecho, y los principios de integridad y honestidad.

Por ello, la decadencia de los principios y valores es lo que más afecta a la abogacía y la despoja de su nobleza y honor. Y como el honor de cualquier profesión está en manos de sus hombres y mujeres quienes la ejercen, por su comportamiento, su moral, su compromiso con la ética de la profesión, la defensa de sus valores y principios y su fidelidad a sus reglas de funcionamiento y normas de su rendimiento. La nobleza de la abogacía es responsabilidad de los abogadas y abogados. Ustedes, los abogados en formación, son responsables de este honor, deben aferrarse a él y defenderlo, porque representa su propio honor, nobleza y dignidad como futuros abogados.

Defender el honor y la dignidad de la profesión, exige la resiliencia a las instigaciones y tentaciones, y frenar con determinación las negociaciones que afectan a los valores y la ética de la profesión, por muy grandes que sean las ofertas y por muy atractivas que sean las tentaciones que se crucen en sus caminos o se les ofrezcan.

Señoras y señores, es una dura batalla que sólo pueden ganar quienes tienen la conciencia tranquila y una lealtad absoluta a los valores de la profesión, porque tener una buena trayectoria y una buena intención, y sentir el peso de la responsabilidad de pertenecer a la familia de la Justicia es, ante todo, lo más apreciado que se les pide a los abogados.

Una de las principales obligaciones del abogado es el respeto a la judicatura, la confianza en sus sentencias y el uso de los procedimientos legales para recurrir y reclamar las decisiones judiciales. El eminente jurista y abogado italiano Piero Calamandrei resumió esta obligación diciendo que: "El primer deber del abogado es creer en la Justicia". Esta afirmación vino en represalia a una declaración negativa de que "la Justicia es un juego de azar", que Calamandrei calificó de palabra inútil de una persona que: "Habiéndose acostumbrado al servicio de la Justicia sin llevar su mensaje dentro de su alma, ni haber adquirido sus nobles cualidades; sintió entonces una carencia y empezó a buscar excusas de su incapacidad y fracaso”.

Asimismo, llamó a los jóvenes abogados a ignorar estas palabras irreflexivas y desmotivadoras, aconsejándoles de tener fe en la justicia y creer en ella porque es "como todas las cosas sagradas, que sólo revelan su lado radiante a los creyentes".

Honorables abogados en formación,

Calamandrei ha señalado que su padre, que era abogado, le había confiado en sus últimos días, diciéndole: "Ten fe en que las sentencias de los tribunales son siempre justas. Nunca, en cincuenta y dos años de ejercicio de la abogacía, he tenido motivos para quejarme de la falta de justicia; sabía que para cada caso que ganaba, la justicia estaba de mi lado y para cada caso que perdía, estaba del lado de mis oponentes".

Las palabras de su padre han generado muchas dudas en Calamandrei, hasta el punto de considerarlas ingenuas, pero finalmente llegó a la conclusión de que esta ingenuidad sagrada en el razonamiento y la argumentación era la única forma de elevar el nivel y la naturaleza de la abogacía. En vez de ser un juego despreciable basado en el engaño y la trampa, se convierte en un noble instrumento para consolidar y promover la paz social.

Afortunados los que se han convertido en abogados por convicción y enhorabuena por el honor de poneros la toga de abogados, a la que Su Majestad el Rey Mohamed VI honró con su uso y que el padre de Su Majestad, el difunto Rey Hassan II, había expresado su aprecio hacia ella. Deseo que aprendan de sus profesores y elegir a los más comprometidos con la ética de esta profesión y los más fieles a sus principios como ejemplo a seguir. Por lo tanto, depende de ustedes elegir un buen ejemplo. Está en la naturaleza del ser humano buscar siempre asimilarse e inspirarse de los mejores.

Pido a Dios que les ayude a conseguirlo e iniciar una nuevo era de los principios, tradiciones y costumbres de esta profesión, que nuestros predecesores han protegido durante mucho tiempo y que nuestros colegas luchan y se esfuerzan por preservar.

Wa assalamou alaykoum wa rahmatou Allah.

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